La shahada es la frase con la que alguien se hace musulmán, y también la que un musulmán repite durante toda su vida: en cada oración, en momentos difíciles y, si puede, al morir. Son unas pocas palabras en árabe, pero condensan lo que sostiene todo lo demás.
Qué dice la shahada
En árabe se escribe لا إله إلا الله محمد رسول الله y se transcribe así:
Lā ilāha illā Llāh, Muhammadun rasūlu Llāh
La traducción más habitual al castellano es «no hay más divinidad que Dios, y Muhammad es el Mensajero de Dios». Son dos afirmaciones distintas unidas en una sola frase, y el orden no es casual.
La primera parte: no hay más divinidad que Dios
La fórmula empieza negando antes de afirmar. Primero lā ilāha, «no hay divinidad», y sólo después illā Llāh, «excepto Dios». Los sabios han insistido siempre en ese detalle: para reconocer a Dios hay que vaciar antes el sitio de todo lo que ocupa su lugar, y no se refiere sólo a estatuas. Cualquier cosa a la que uno entregue el centro de su vida —el dinero, el prestigio, el propio deseo— se instala en ese espacio.
La palabra Allāh no es un nombre propio de un dios entre otros: es la contracción de al-ilāh, «el Dios», el único. Los cristianos árabes usan exactamente la misma palabra cuando rezan.
La segunda parte: Muhammad es el Mensajero de Dios
Reconocer que Muhammad, la paz y las bendiciones sean con él, es Mensajero de Dios significa aceptar que lo que transmitió viene de Dios y no de él. No se le adora ni se le reza. Es el cauce por el que llegó el mensaje, y por eso su forma de vivir —la sunna— sirve de referencia práctica.
Sin esta segunda parte, la primera quedaría en una idea abstracta sobre Dios. Con ella, se convierte en una manera concreta de vivir.
Cómo se pronuncia
Si nunca has leído árabe, esta guía aproximada te servirá para empezar. La h de illā Llāh se aspira, como la h inglesa de house. Las vocales con raya encima son largas: duran aproximadamente el doble.
- Lā — «laa», abierta y larga.
- ilāha — «i-laa-ha».
- illā — «i-llaa», con la l doble y marcada.
- Llāh — «l-laah», con la última h aspirada.
- Muhammadun — «mu-jam-ma-dun», con la h aspirada, no como la jota castellana.
- rasūlu — «ra-suu-lu».
- Llāh — igual que antes.
Nadie espera que salga perfecto la primera vez. La pronunciación se corrige escuchando, y en la mezquita la vas a oír en cada rezo.
¿Hace falta una ceremonia?
No. No existe en el islam un sacramento de entrada, ni una autoridad que tenga que autorizarla, ni un registro en el que inscribirse. Quien pronuncia la shahada creyendo lo que dice, es musulmán desde ese momento.
Dicho eso, en la práctica casi todo el mundo prefiere hacerlo acompañado, y tiene sentido: haber tenido testigos ayuda después para trámites civiles —un matrimonio islámico, la inscripción de los hijos, gestiones consulares en algunos países— y, sobre todo, evita empezar en soledad. Si quieres hacerlo con nosotros, escríbenos o pásate por la mezquita: no hace falta cita.
Y después, ¿qué?
Lo primero que suele preocupar es la cantidad de cosas que uno no sabe. Es normal, y conviene ir por orden. Aprender a hacer el wudu y las cinco oraciones diarias es lo primero; el resto llega con el tiempo.
Nadie tiene por qué cambiar de nombre, de nacionalidad ni de forma de vestir de un día para otro. Muchas conversiones se tuercen por intentar transformarlo todo en una semana. La tradición andalusí, que es la nuestra, siempre ha valorado la constancia por encima de la intensidad.
- En la escuela de la mezquita acompañamos a quien acaba de entrar en el islam.
- En la biblioteca puedes descargar gratis el Manual para el Nuevo Musulmán y el resto de libros para nuevos musulmanes.
- Para entender el marco general, Islam: Espíritu y Forma explica bien por qué la práctica y el sentido interior van juntos.
- Consulta el horario de salat en Sevilla para saber cuándo entra cada oración.
Si todavía lo estás pensando
No hay ninguna prisa y nadie te va a presionar. Puedes venir a la mezquita, sentarte al fondo, escuchar y marcharte sin dar explicaciones. En planifica tu visita contamos qué esperar si es tu primera vez. La puerta está abierta también para quien sólo quiere mirar.